Dije que sí y ahora no sé echarme atrás

Un aprendizaje de la Biblia

Por los que estaban a la mesa

Dijiste que sí. Igual en caliente, igual por quedar bien, igual porque en ese momento parecía buena idea. Y ahora sabes que no lo es, que no quieres o que no debes, y lo que te frena no es la cosa en sí: es echarte atrás delante de la gente que te oyó decirlo. Esa vergüenza tiene dos mil años por lo menos, y hay una noche en la que costó una cabeza.

Herodes daba una cena por su cumpleaños, con sus generales y la gente importante de la región. Bailó la hija de su mujer, le gustó a él y a todos los de la mesa, y en caliente le dijo a la muchacha: pídeme lo que quieras. Y lo juró: lo que sea, hasta la mitad de mi reino. Ella salió a preguntarle a su madre, que tenía cuentas pendientes con un preso, y volvió pidiendo la cabeza de Juan el Bautista, en un plato, ahora mismo.

Y aquí viene la línea que te escribo. Dice el texto que el rey se entristeció mucho. No quería. Respetaba a aquel hombre, lo escuchaba de buena gana, lo tenía protegido de su propia mujer. Pero, sigue el texto, a causa del juramento y de los que estaban con él a la mesa, no quiso desairarla. Y mandó a un guardia. No lo hizo por crueldad. Lo hizo por los de la mesa.

Ese es el mecanismo, y es el tuyo, aunque lo tuyo pese mucho menos: un sí dicho en caliente no obliga a nada, pero la gente que lo oyó parece que sí. Y en ese momento la cuenta se hace mal: la vergüenza de retirarlo se ve grande porque está delante, y el precio de cumplirlo se ve pequeño porque está detrás. Herodes cambió una cabeza por no pasar un mal rato en su propia fiesta. Casi nadie llega tan lejos, pero todo el mundo ha cumplido un sí que sabía malo por no quedar mal.

Así que haz la cuenta al revés, que es como se hace bien. Retirar el sí cuesta una cena incómoda, y las cenas se acaban. Cumplirlo mal cuesta lo que no se recupera. Di, con las palabras que sean, «me precipité, y no lo voy a hacer»; suena peor en tu cabeza que en la mesa. Y para las próximas, la regla de Herodes: no prometas nada en una fiesta, ni delante de gente, ni en caliente. Los síes que valen se dicen en frío y a solas. Los otros hay que saber retirarlos.

«Un sí en caliente no obliga; los que lo oyeron, tampoco. Retirarlo cuesta una cena. Cumplirlo mal, lo que no vuelve.»
Herodes · Marcos 6Buscar otra cosa

Esto es Decisiones.