Quién fue cada una, en tres líneas, y todo lo que la casa ya cuenta de ella. Por orden alfabético; delante, las que ya tienen su episodio.
Pastor, el pequeño de ocho hermanos, al que su padre ni llamó a la mesa cuando vino el profeta a elegir rey. Acabó siendo el rey más celebrado de su pueblo, y también el que lo puso todo en juego en una tarde por la mujer de otro, y tapó el error con algo peor. Escribió sus salmos con la culpa delante.
El que engaña, hasta en el nombre: le robó la bendición a su hermano aprovechando que su padre estaba ciego, y pasó veinte años de trampas cruzadas con un suegro peor que él. La noche antes de reencontrarse con su hermano peleó hasta el alba, y salió cojo y con otro nombre.
Pescador, el primero en hablar y el primero en meter la pata: bajó de la barca a andar sobre el agua y se hundió al mirar el viento. Prometió morir por su amigo y lo negó tres veces esa misma noche. Y volvió. Acabó al frente de todos, y siguió equivocándose en público.
El primer rey de Israel, alto, con planta de rey, que cumplió las órdenes a medias por miedo a lo que dijera la gente. Oyó una canción que decía que un chaval había matado a diez miles y él a miles, y dedicó el resto de su reinado a perseguirlo.
Abraham
A los setenta y cinco años dejó su tierra, su parentela y la casa de su padre por una promesa sin mapa. Esperó décadas un hijo, mintió dos veces sobre su mujer por miedo, y acabó siendo el padre de un pueblo. El texto no le esconde ni una de las mentiras.
Caleb
Uno de los dos espías que volvieron diciendo que la tierra prometida se podía tomar, cuando los otros diez decían que no. Le costó cuarenta y cinco años de desierto y ver morir a su generación. A los ochenta y cinco pidió la montaña más difícil, y se la dieron.
Los discípulos que no pudieron
Pescadores, un recaudador de impuestos y algún exaltado: doce hombres corrientes que lo dejaron todo por seguir a un maestro. Ya habían salido de dos en dos a curar por las aldeas, y les había ido bien. Un día les trajeron a un chico enfermo delante de una multitud, y no pudieron. Esa noche, en casa, preguntaron por qué.
Eclesiastés
No es una persona: es el libro de un rey en la cima que lo probó todo con presupuesto ilimitado, casas, viñas, plata, músicos, y escribió que no era eso. Dejó las preguntas más incómodas de la Biblia: para quién trabajo, y qué saco de todo esto.
Esaú
El hermano mayor de Jacob, cazador, hombre de campo, que un mediodía volvió con hambre y vendió su derecho de primogénito por un plato de lentejas sin darle importancia. Años después, cuando aquello importó, lloró a gritos y ya no había vuelta atrás. Y aun así, cuando su hermano volvió veinte años más tarde, fue él quien corrió a abrazarlo.
Ezequías
Rey de Judá, de los buenos. Le dijeron sin anestesia que ordenara su casa porque iba a morir, y volvió la cara a la pared y lloró. Le dieron quince años más. El texto cuenta las dos cosas: el llanto, y lo que hizo con el tiempo extra.
El fariseo y el publicano
Los dos hombres de una parábola de Jesús que subieron al templo a rezar. Uno, religioso y cumplidor, dio gracias de pie por no ser como los demás, y todo lo que dijo de sí mismo era verdad. El otro, un recaudador despreciado por todos, se quedó lejos, sin levantar los ojos, pidiendo compasión. El segundo, dice la historia, volvió a casa en paz. El primero no.
Herodes
Herodes Antipas, el gobernante de Galilea en tiempos de Jesús, que se había casado con la mujer de su hermano y tenía preso a Juan el Bautista por decírselo. Respetaba a Juan y lo escuchaba de buena gana. En una fiesta de cumpleaños, por un juramento en caliente y por no quedar mal delante de sus invitados, mandó cortarle la cabeza.
Isaac
El hijo tranquilo de un padre famoso. Vivió a la sombra de Abraham, repitió su misma mentira sobre su mujer cuando tuvo miedo, y reabrió los pozos de su padre poniéndoles los mismos nombres. Antes de todo eso, el libro lo cuenta buscando a alguien, y encontrándola.
Israel en el desierto
No es una persona: es un pueblo entero, recién liberado de la esclavitud, cruzando el desierto hacia su tierra con pan cada mañana. Y quejándose. Se acordaban de las cebollas de Egipto, y decían que eran gratis. Eran esclavos.
Jeremías
Un joven al que le encargaron hablar a naciones enteras y contestó que no sabía, que era un niño. Le dijeron que no lo dijera. Pasó la vida diciendo lo que nadie quería oír, lo metieron en una cisterna, y siguió. Escribió que llevaba un fuego en los huesos y no podía callar.
Job
El hombre más próspero de su tierra, que lo perdió todo en un solo día, en cadena, y después la salud. Tres amigos vinieron a consolarlo: siete días callados, perfecto; después, treinta capítulos de consejos. Al final, la historia le dio la razón a él.
Moisés
Criado como príncipe en Egipto, lo perdió todo en una semana por matar a un hombre, y pasó cuarenta años cuidando ovejas en un desierto extranjero. Volvió para sacar a un pueblo entero de la esclavitud. Y su suegro tuvo que decirle que no podía con todo él solo.
Natán
Profeta en la corte de David: el que entraba en el despacho del rey a decirle lo que nadie más se atrevía. Cuando David tapó un error con algo peor, no le llevó el reproche: le contó el cuento de la corderita y dejó que el rey dictara su propia sentencia antes de saber que era la suya. Y años antes había sabido volver una mañana a decirle lo contrario de lo que le había dicho la víspera.
Nehemías
Copero del rey de Persia, un puesto cómodo, hasta que le contaron que la muralla de la ciudad de sus abuelos llevaba un siglo en escombros. Pidió permiso, viajó y la levantó en cincuenta y dos días, con medio vecindario en contra y un bulo circulando. Contestó con la obra.
Noemí
Perdió al marido y a los dos hijos en tierra extranjera y volvió a su pueblo pidiendo que no la llamaran por su nombre, sino Amarga. Su nuera extranjera no la dejó volver sola. Acabó con un nieto en el regazo, y las vecinas diciéndole que esa nuera valía más que siete hijos.
Pablo
Perseguidor profesional, de los que iban casa por casa sacando gente para mandarla presa, hasta que cayó a tierra camino de Damasco; el caballo no lo menciona el texto. Se convirtió en el hombre que levantó medio cristianismo. Escribió que no hacía el bien que quería, y se peleó con su mejor amigo por un chaval.
Paltiel
Sale en dos versículos y no dice una sola palabra. El rey Saúl le dio por esposa a Mical cuando su primer marido, David, andaba huido; años después David la reclamó, y vinieron a llevársela. Paltiel la siguió llorando hasta un pueblo llamado Bahurim, hasta que un general le dijo que se volviera. Y se volvió.
Salomón
El rey que, joven, pidió criterio en vez de riquezas, y recibió las dos cosas. Fue el hombre más sabio y más rico de su tiempo, y de viejo se dejó llevar hacia lo que él mismo había escrito que no se hace. La Biblia cuenta las dos mitades.
Samuel en casa de Isaí
No es una persona: es una escena. El profeta Samuel entra en una casa de Belén a elegir rey entre ocho hermanos, da por hecho al mayor por la planta, y le corrigen: el ojo mira lo que tiene delante; lo que vale está en el corazón. El elegido estaba con las ovejas.
El Sermón del Monte
No es una persona: es el discurso más famoso de Jesús, dicho en un monte a gente de campo. Dentro está la pregunta para el insomnio: quién de vosotros, por mucho afanarse, puede añadir un codo a su estatura. Y los pájaros, que no siembran.