Repito los errores de mi padre
Mintió igual que su padre, y reabrió sus pozos
Te lo has prometido mil veces: yo no voy a ser así. No voy a gritar como él, no voy a callarme como ella, no voy a arreglar las cosas con la misma trampa. Y un día te oyes decir su frase, con su tono, y se te queda el cuerpo frío. No es que no lo intentes. Es que parece que viene de serie. La Biblia tiene una historia sobre esto que casi nadie cuenta, porque el protagonista es el hijo tranquilo de un padre famoso.
Abraham, cuando tenía miedo, mentía sobre su mujer. Dos veces, en dos países, dijo que Sara era su hermana, para que no lo mataran por ella; y lo tenía pactado con ella desde el principio: allá donde lleguemos, di que soy tu hermano. Pues bien: su hijo Isaac, años después, llegó con su mujer Rebeca al mismo sitio donde su padre lo había hecho, tuvo el mismo miedo, y dijo exactamente lo mismo. Es mi hermana. El rey del lugar lo pilló por una ventana y le preguntó lo que tú te preguntas: ¿por qué has hecho esto? Isaac contestó la verdad: porque pensé que me matarían. Que era, casi palabra por palabra, la respuesta de su padre.
Pero el capítulo no acaba ahí, y aquí está lo que te sirve. Unos versículos después, Isaac se pone a reabrir los pozos que su padre había cavado y que otros habían cegado con tierra, y dice el texto que les puso los mismos nombres que su padre les había puesto. De su padre heredó dos cosas: la mentira del miedo y los pozos del agua. Las dos con nombre propio. Y él repitió las dos, sin darse cuenta de que estaba eligiendo cuál seguir repitiendo.
Ahí está el mecanismo: no repites a tu padre por maldad ni por debilidad. Lo repites porque es lo que tienes a mano cuando hay miedo, y el miedo no da tiempo a inventar. Por eso no basta con prometerse que no. Hace falta saber, antes de que llegue el momento, qué vas a decir en su lugar. Isaac no lo sabía; se encontró con el miedo y sacó lo de casa. Lo que sí supo hacer, con calma, fue cavar.
Así que separa la herencia en dos listas, con nombres. En una, lo que tu padre hacía por miedo: eso se mira, se entiende, y se le prepara una frase distinta para la próxima vez, aunque sea torpe. En la otra, los pozos: lo que te dejó de bueno y que otros han tapado, el oficio, la manera de aguantar, algo que decía y que hoy suena mejor que entonces. Esos, reábrelos, y ponles su nombre sin vergüenza. Repetir a tu padre no es el problema. El problema es no elegir qué.
Esto es Vínculos.