Regálale
una historia
Hay cosas que no caben en un mensaje de dos líneas. Aquí eliges una historia de la Biblia, de esas que llevan tres mil años contándose, y te la damos escrita como una carta para que se la mandes a quien tú quieras. Se copia y ya está.
Una historia de verdad
No un versículo suelto ni una frase de taza. Una historia entera, con sus personas dentro, contada como se cuenta algo que te importa: en cristiano, sin sermón y sin dar por hecho que te sabes la Biblia.
Escrita ya como carta
Con su principio, su final y las palabras difíciles puestas. Tú no tienes que redactar nada: la copias tal cual, o le cambias lo que quieras antes de mandarla. Va igual de bien en un mensaje que impresa en un papel.
Para la persona que tú pienses
Cada historia sirve para alguien concreto: el que se quedó cuando podía irse, el que te levantó del suelo, el que te recibió de vuelta sin pedirte explicaciones. Tú sabes quién es. Nosotros ponemos las palabras.
¿Por qué una historia y no una frase bonita?
Porque las frases bonitas se olvidan y las historias no. A nadie le ha cambiado el día una cita motivacional, pero todos nos acordamos de un cuento que nos contaron una vez. Estas llevan miles de años pasando de boca en boca por algo: hablan de gente de carne y hueso que se equivocó, que aguantó, que volvió. Como tú. Como la persona a la que se la vas a mandar.
Y hay otra cosa. Cuando le dices a alguien «te quiero» o «gracias», la frase se gasta de tanto usarla. Cuando le regalas una historia que le va como un guante, le estás diciendo lo mismo, pero le estás diciendo además: he pensado en ti el rato que se tarda en elegirla.
Y no hace falta que creas en nada. Aquí la Biblia se lee como lo que también es: el libro donde están las mejores historias que se han contado sobre personas.
Para alguien que se quedó
La historia de Rut, que pudo irse y no se fue.
Para el que te recibió de vuelta
La historia del padre que vio venir a su hijo y echó a correr.
Para unas gracias que llegan con años de retraso
La historia de los diez sanados, y del único que dio la vuelta.
Para hacer las paces
La historia de Jacob, que esperaba una guerra y le salió un abrazo.
Para una madre
La historia de la mujer que puso a su hijo en el río para salvarlo del río.
Para quien lleva años a tu lado
La historia de Jacob, que trabajó siete años por Raquel y le parecieron unos días.
Para un amigo de verdad
La historia de Jonatán, el heredero que le dio su manto al que iba a quitarle el trono.
Para quien te dio lo que no le sobraba
La historia de la viuda que echó dos monedas, y podía haberse quedado una.
Para quien cree que todavía te debe algo
La historia de José, que perdonó a sus hermanos y diecisiete años después tuvo que repetírselo.
Y si tienes en la cabeza a alguien y no sabes qué historia le pega, escríbeme y la buscamos: para eso está la casa.