Para quien lleva años a tu lado
La historia de Jacob, que trabajó siete años por Raquel y le parecieron unos días. Esta es la carta entera, tal cual saldría. Léela como si te la hubieran mandado a ti.
No sé decirte lo que llevamos juntos sin que me salga cursi o me quede corto. Así que te lo digo con una historia, que es lo que hago cuando no me salen las palabras. Tiene casi cuatro mil años y va de un hombre, una piedra y una cuenta de años que no sale.
Jacob venía de muy lejos, huyendo, y se paró junto a un pozo. Tenía encima una piedra tan grande que los pastores esperaban a que se juntaran todos los rebaños para moverla entre todos. Mientras hablaba con ellos llegó una chica con las ovejas de su padre, porque la pastora era ella. Se llamaba Raquel. Y dice el texto que, cuando Jacob la vio, se acercó, movió la piedra él solo y dio de beber a las ovejas de ella. Luego la besó y se echó a llorar. Todo eso en dos versículos, sin haberle dicho todavía quién era.
Se quedó a trabajar con el padre de ella. Y cuando le preguntaron qué sueldo quería, no pidió dinero: pidió siete años de trabajo a cambio de casarse con Raquel. Y aquí está la frase por la que te mando esta carta. Dice el texto que sirvió siete años por ella, y que le parecieron unos pocos días, porque la amaba. Siete años. Unos pocos días.
Y luego la vida le hizo trampa, como se la hace a todo el mundo. La noche de la boda, a oscuras, el padre le puso delante a la hermana mayor, y hasta la mañana siguiente no se dio cuenta. Le habían cambiado a la persona por la que había trabajado siete años. Se quejó, claro. Y el padre le dijo que si quería a Raquel serían otros siete. Y Jacob los hizo. De los primeros siete el texto dice que le parecieron días; de los segundos no dice nada, y eso me gusta todavía más. Los pagó sin comentarios.
Lo que más me gusta de esta historia es que el amor no le ahorró nada. Ni la piedra, ni los años, ni la trampa. Lo único que hizo el amor fue cambiarle la medida del tiempo.
Te la mando porque a mí me pasa lo mismo contigo. Tampoco nos hemos ahorrado nada: hemos tenido nuestras piedras y nuestros años de más. Y cuando miro atrás y cuento, no me salen los años que son. Me salen días.
Gracias por estos años. Me han parecido pocos días, y tú sabes por qué.
Esta historia sale del libro de siempre, contada con nuestras palabras. Volver a las historias →