Critico y juzgo a todo el mundo

Un aprendizaje de la Biblia

De pie, y sin mirar a nadie

Te sale solo. Ves a alguien y ya sabes lo que hace mal, y lo dices, o lo piensas tan fuerte que es como si lo dijeras. Y no es que te equivoques: casi siempre tienes razón. El problema es otro, y lo notas: estás cansado de mirar así, y la gente ha empezado a cansarse de ti. Hay una historia de dos hombres rezando que es el retrato más exacto de esto que conozco, y son cinco versículos.

Dos hombres subieron al templo. Uno era un hombre religioso, de los cumplidores; el otro, un recaudador de impuestos, de los que todo el mundo despreciaba. El primero, de pie, rezó así: te doy gracias porque no soy como los otros, ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese de ahí. Ayuno dos veces por semana y doy la décima parte de todo lo que gano. El otro se quedó lejos, sin atreverse a levantar los ojos, golpeándose el pecho: ten compasión de mí. Y el que contaba la historia terminó diciendo que el segundo se fue a casa en paz con Dios, y el primero no.

Lo que más me interesa es que el primero no mentía. Ayunaba de verdad, daba de verdad, y no era ladrón ni adúltero. Todo lo que dijo era cierto. Y aun así su oración entera era sobre los demás: no soy como este, no soy como aquel. Quita a los otros de su frase y no queda nada. No dijo una sola cosa de sí mismo que no fuera una comparación.

Ese es el mecanismo, y es incómodo: el que juzga necesita a los demás para sentirse bien. «No soy como ese» no dice nada de ti; dice que lo necesitas ahí abajo. Y tiene un coste que se paga en silencio: mientras miras los defectos de todos, no te queda ojo para los tuyos. El mismo que contó esta historia lo dijo con una imagen de carpintero: ves la paja en el ojo del otro y no la viga en el tuyo. No es que seas peor que los demás. Es que estás mirando hacia fuera con la viga puesta.

Haz la prueba del fariseo durante un día: cada vez que te oigas criticar a alguien, quita a esa persona de la frase y mira qué queda. Si no queda nada, la frase no era sobre ella: era sobre ti, y no decía nada bueno. Y otra, más difícil: una vez al día, di en voz alta algo que haga bien alguien a quien sueles criticar. No por educación. Por entrenar el ojo para el otro lado, que es donde vive la viga.

««No soy como ese» no dice nada de ti. Solo dice que lo necesitas ahí abajo para sentirte bien.»
El fariseo y el publicano · Lucas 18Buscar otra cosa

Esto es Carácter. La carta de esta habitación: Quién eres cuando nadie te ve →