No me gusto cuando me miro
Lo que el espejo no sabe
Te miras y el espejo te cobra peaje. La ropa que ya no, la foto que borras, la playa que te piensas dos veces. Y el mundo no ayuda: vivimos en la civilización que más pantallas ha puesto delante de más espejos. Antes de nada, esto: que te duela no es superficial. La mirada sobre uno mismo pesa de verdad. Pero deja que te cuente el día en que la mirada oficial se equivocó de arriba abajo.
El profeta Samuel fue a una casa de Belén a elegir rey entre ocho hermanos. Entró el mayor (alto, planta de rey) y Samuel lo dio por hecho: es este. Y recibió la corrección más citada y menos aplicada de toda la Biblia: no mires su presencia ni su estatura. El ser humano mira lo que tiene delante de los ojos; lo que vale de alguien está en el corazón, y eso el ojo no lo ve. Pasaron los siete hermanos presentables. Ninguno era. El elegido estaba fuera, cuidando ovejas, tan poco favorito que ni lo habían llamado a la mesa.
Ahora el mecanismo, porque esa frase te afecta en las dos direcciones. La primera va contra el mundo: la mirada que te clasifica por el cuerpo es, literalmente, la mirada equivocada. La historia lo dice del profeta más sabio de su tiempo: hasta él midió mal mirando así. Pero la segunda va contra ti, y es la que duele: el que se machaca delante del espejo está usando esa misma mirada equivocada. Contra sí mismo. Te mides con el instrumento que la historia entera desautoriza.
Piensa en la gente a la que más quieres. ¿Cuánto pesa su cuerpo en lo que valen para ti? Su manera de escucharte, lo que aguantaron contigo, su risa: eso es lo que amas, y nada de eso sale en su espejo. Pues contigo funciona igual, solo que a ti te pilla sin distancia. Los que te quieren te ven como tú los ves a ellos: entero, no en porciones.
Cuídate lo que quieras. Moverte, dormir, comer bien: eso es trato digno, no castigo, y hazlo por estar bien, no por aprobar un examen de nadie. Pero la próxima vez que el espejo dicte sentencia, recuerda quién más midió así, y cuánto se equivocó: el espejo solo alcanza a ver lo que tienes delante de los ojos. Lo que vales trabaja en otra habitación.
Esto es Carácter. La carta de esta habitación: Quién eres cuando nadie te ve →