Me he peleado con mi mejor amigo

Un aprendizaje de la Biblia

La ruptura no fue la última página

La amistad que se rompió en una discusión y llevas años reproduciendo mentalmente, con abogados de las dos partes. El grupo que se partió en dos. Y la pregunta que no se va: ¿quién tenía razón? La Biblia guarda una ruptura así entre dos de sus grandes, y la cuenta sin maquillaje, con final incluido, que es lo que la hace valiosa.

Pablo y Bernabé eran el tándem. Bernabé fue el que dio la cara por Pablo cuando nadie se fiaba de él (lo tomó y lo presentó a los apóstoles, que le tenían miedo), y juntos se hicieron años de caminos. Y la ruptura no llegó por doctrina ni por dinero: llegó por una persona. Un joven, Marcos, los había dejado tirados a mitad de un viaje anterior. Bernabé quería darle otra oportunidad; Pablo no quería ni verlo. Y el texto lo dice con una franqueza que asusta: hubo tal desacuerdo entre ellos que se apartaron el uno del otro. Fíjate en que no dice quién tenía razón. Los dos tenían su parte (la lealtad de uno, el listón del otro), y por eso dolió tanto. Las peleas donde uno es el malo se cierran solas; las que duelen son estas.

Ahora las dos noticias de después, porque las hay. La primera: ninguno se bajó de la obra: donde había un equipo hubo dos, Bernabé con Marcos hacia Chipre, Pablo por otro camino. La ruptura no incendió lo que ambos habían construido. Y la segunda es una línea perdida en la última carta de Pablo, escrita de anciano, preso y con casi todos lejos: toma a Marcos y tráelo contigo, porque me es útil. Marcos. El motivo exacto de la pelea, convertido, muchos años después, en el hombre que Pablo quería tener cerca al final. El tiempo no le dio la razón a ninguno de los dos: se la quitó a la pelea.

El mecanismo que te llevas: hay rupturas donde los dos tienen su parte de razón, y por eso no se arreglan discutiendo mejor: no hay veredicto posible, y buscarlo es seguir en la pelea. Se arreglan viviendo: cada uno en su obra, con la puerta sin cerrojo. Si perdiste así a un amigo, dos encargos: no reescribas la amistad entera con la tinta del último capítulo; y no lo declares final. La gente cambia (tú también has cambiado), y hay frases como «me es útil, tráelo» que se escriben veinte años después de un portazo.

«Hay peleas donde los dos tienen razón: no se arreglan discutiendo, se arreglan viviendo, con la puerta sin cerrojo.»
Pablo y Bernabé · Aprendizaje · lectura en preparaciónBuscar otra cosa

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