Trabajo y no llego a fin de mes

Un aprendizaje de la Biblia

Empeñaron la casa para comprar grano

Trabajas. Ese es el detalle que lo hace insoportable: no es que no hagas nada, es que haces doce horas y no alcanza. Te suben el alquiler trescientos euros y no sabes de dónde sacarlos. La cuota de autónomos llega igual el mes de cero facturas. Tienes treinta y cinco años, sigues en casa de tus padres y te da una vergüenza que no le cuentas a nadie. Y por debajo de todo, una sospecha: que el fallo eres tú. Hay un capítulo de la Biblia que parece escrito ayer, y empieza quitándote esa sospecha.

Nehemías 5. Jerusalén está reconstruyendo su muralla y todo el mundo trabaja en ella. Y en mitad de la obra, dice el texto, hubo gran clamor del pueblo. Hablan tres grupos, y son tres frases que podrías firmar. Unos: somos muchos en casa, hay que conseguir grano para comer. Otros: hemos empeñado nuestras tierras, nuestras viñas y nuestras casas para conseguir grano. Y otros: hemos tomado prestado dinero para el tributo del rey. Comida, vivienda e impuestos. Gente que trabajaba de sol a sol, y no llegaba.

Lo que hace el libro con ellos es lo que importa. Nehemías, el gobernador, no les da un curso de ahorro. Escribe: me enojé en gran manera cuando oí su clamor. Se lo piensa, convoca una asamblea y se lo dice a la cara a los que se estaban lucrando: no es bueno lo que hacéis; devolvedles hoy sus tierras, sus viñas y sus casas. Y anota: callaron, pues no tuvieron qué responder. El texto toma partido, y no es una excepción. La ley de Moisés manda pagar al jornalero en su día, sin que se ponga el sol, y da la razón: pues es pobre, y con él sustenta su vida. Deuteronomio 24. El libro sabe lo que es vivir al día, y legisla del lado del que vive así.

El mecanismo tiene dos piezas. La primera: la vergüenza te calla, y callarlo es lo más caro de ir justo. En Nehemías 5 no se movió nada hasta que la gente lo dijo en voz alta, con cifras, delante de quien podía hacer algo. Eso no es quejarse: es dar la información que falta. La segunda pieza es el tamaño de la cuenta. La oración más sabia sobre el dinero que hay en todo el libro no pide abundancia: no me des pobreza ni riqueza; susténtame con el pan que necesito. Proverbios 30. Y la más conocida pide lo mismo: el pan nuestro de cada día. La unidad del texto es el día. Las cuentas del mes, hechas a las tres de la mañana, no las resuelve nadie. Las de hoy, casi siempre sí.

Así que dilo, con números, a alguien que pueda mover algo. Al casero antes de enero, no después. A tu gestor. A los servicios sociales de tu ayuntamiento, que existen exactamente para esto: la ley de aquel pueblo mandaba dejar sin segar las esquinas del campo para quien lo necesitara, Levítico 19, y recogerlas no era mendigar, era lo previsto. Y esta noche, solo las cuentas de hoy. Si lo que te ahoga tiene nombre de deuda, busca «las deudas me están ahogando». Y si lo que pesa de verdad es compararte con los que sí llegan, «envidio la vida de los demás».

«Trabajar y no llegar no es un defecto tuyo: el libro se pone de tu lado. Lo caro es callarlo. Dilo con números a quien pueda mover algo.»
Nehemías · Nehemías 5 y Proverbios 30Buscar otra cosa

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